sábado, 24 de septiembre de 2011

HOY DECRETO QUE...

  • Nunca más confesaré miseria porque mi Dios suplirá todas las necesidades conforme a sus riquezas en gloria.
  • Nunca más confesaré no puedo porque todo lo puedo en cristo que me fortalece.
  • Nunca más confesaré enfermedad porque por sus llagas y sus heridad yo fui sanado. 
  • Nunca más confesaré temor porque el perfecto amor de Dios echa fuera el temor.
  • Nunca más confesaré tristeza porque él ha cambiado mi lamento en gozo y ha puesto sobre mi corazón cánticos nuevos.
  • Nunca más confesaré no puedo es imposible, eso no es para mí, porque me ha dado poder, amor y dominio propio y todo lo puedo en Él que me fortalece.
  • Nunca más confesaré y llamaré la muerte porque él vino para darme vida y vida en abundancia.
  • Nunca más pondré mi cabeza a disposición de mis enemigos, porque ellos no tienen misericordia y él me dijo que me llamó para estar encima y no debajo que no soy cola sino cabeza delante de mis adversarios.

TE BENDECIMOS!!!!

Con los Siete Mantos del Altísimo


  1. Manto de gloria para que resplandezca como la luz de la aurora.
  2. Manto de misericordia, para que sea nueva sobre ti cada mañana.
  3. Manto de unción para que hoy se quiebre todo yugo por causa de la unción.
  4. Manto de fortaleza para que no caigas abatido cuando no tengas fuerzas.
  5. Manto de poder, amor y dominio propio.
  6. Manto de gracia, para que seas el José de este tiempo y abras los graneros.
  7. Manto de restauración para que siempre regreses a casa si algún día te apartas del Padre.

lunes, 12 de septiembre de 2011

UNA EXPLICACION DE LA IMPORTUNIDAD

Cuando Dios pone una carga de oración sobre usted, ésa es la manera que él tiene de revelarle su propósito y voluntad en una situación particular. Mediante dicha carga, Dios le da a entender que ya está movilizando las circunstancias para cumplir el propósito de la misma. Se trata, por lo tanto, de un estímulo sustancial para la fe.
Si está usted convencido de que el objeto que representa su carga es verdaderamente de Dios, ya que él es Todopoderoso y contesta las oraciones que se hacen en su nombre, la contestación a dicha oración no es nunca dudosa; de lo único que depende es de cuán persistente se es en cuanto a orar. Si usted no se rinde, puede tener la seguridad de que la respuesta vendrá.


En otro tiempo, yo pensaba que tener una carga de oración significaba tratar de persuadir a Dios para que hiciera algo hacia lo cual se sentía reacio. La importunidad nunca es para inducir a Dios a hacer una cosa por la cual nos ha impulsado a orar. El propósito de la misma es proveerle al creyente la oportunidad de ejercitarse en cuanto a vencer a la oposición satánica y enseñarle a gobernar como preparación para el trono. La intención de Dios al decretar la oración no es que ésta le ayude a él, sino que le proporcione a usted práctica en el ejercicio de la autoridad sobre Satanás.


Una vez que usted ha aprendido una nueva lección, y orado hasta el fin llegando a otro nivel de madurez espiritual, el Espíritu Santo es liberado para que ate a Satanás. Entonces, la oración es contestada. Esta es la razón por la cual Dios busca un hombre, y por la que Jesús dijo en Lucas 10:19: "He aquí os doy potestad [autoridad] ... sobre toda fuerza del enemigo ... ".

Toda acción, treta y estratagema de Satanás está bajo el control de Dios; Satanás no podría mover una pestaña sin Dios. No puede actuar independientemente. La razón por la que se le permite seguir con su resistencia y oposición, no es porque Dios no pueda controlarle; Dios lo consiente sólo en la medida en que cumple su propósito para nuestro crecimiento, desarrollo y madurez espiritual.


Cuando entendemos que Satanás sólo puede atacarnos con el permiso de Dios, y que la intención de Dios al dejar que lo haga es enseñarnos a ejercer la autoridad; entonces, comprendemos que no hay necesidad de que seamos derrotados. Sabemos que la victoria es nuestra sin importar cuán largo y desesperado sea el conflicto. Podemos estar seguros de que tan pronto como hayamos aprendido la nueva lección en cuanto a vencer, Dios se ocupará de Satanás.

Extraido del libro "Destinados para Vencer" de Paul E. Billheimer

sábado, 10 de septiembre de 2011

LA IGLESIA TIENE LA LLAVE

Los cheques utilizados por algunas compañías de negocios requieren las firmas de dos individuos para que sean válidos. Una sola no es bastante; ambas partes deben firmar. Esto ilustra el método de Dios de obrar a través de las oraciones y de la fe de su pueblo. Sus promesas son los cheques firmados con su propia sangre. Su parte fue completada plenamente en el Calvario; pero ya que la oración es un aprendizaje, ninguna promesa es válida hasta que un hombre redimido entra en el salón del trono del universo y, mediante la oración y la fe, escribe su nombre al lado del de Dios. Entonces, y sólo entonces, son liberados los fondos del cheque.

Esto es semejante a lo que ocurre con una caja de seguridad en la bóveda del banco. El banco tiene una llave y el propietario otra. Ninguna de dichas llaves por sí sola puede abrir la caja. Pero, cuando se le da al encargado la suya propia y ambas se insertan, la puerta se abre repentinamente, poniendo a su disposición todo el caudal guardado en dicha caja.


El cielo tiene la llave mediante la cual se toman decisiones que rigen los asuntos terrenales; pero nosotros guardamos aquella que hace que dichas decisiones se lleven a cabo. Siendo esto así, la oración toma una dimensión muy diferente de la idea o la comprensión convencionales. Orar no es vencer la renuencia de Dios a hacer algo; tampoco es persuadirle para que haga aquello hacia lo que se siente reacio. Orar es "atar en la tierra" lo que ha sido ya atado en el cielo (Mateo 16:19, Biblia Amplificada). Es cumplir e imponer su voluntad en la tierra. La oración hace posible que Dios realice lo que quiere hacer, y que no lo puede llevar a efecto sin la misma. 

El contenido de toda oración verdadera se origina en el corazón de Dios; así que él es quien inspira aquélla en el espíritu humano. La contestación a toda petición inspirada por Dios está ya preparada antes de que se  pronuncie la oración. Cuando estamos convencidos de esto, es fácil tener la fe para recibir la respuesta.

 Extraido del libro "Destinados a Vencer" de Paul E. Bullheimer

DEMASIADO OCUPADO PARA ORAR

Ningún ángel fue nunca invitado a compartir el alto privilegio de la oración. Ni a arcángel alguno se le dijo jamás que entrara en el salón del trono del universo; sólo a la humanidad redimida. Y muchos de nosotros estamos demasiado ocupados viendo la televisión, siguiendo los deportes, cazando y pescando, bañándonos y paseándonos en barco, entregados a las tareas de la granja o a los negocios, o con más de un empleo ... Estamos tan afanados con los cuidados y los placeres de esta vida, intentando mantenernos al día en cuanto a los nuevos coches, las nuevas casas, los nuevos aparatos eléctricos para el hogar, los nuevos muebles ... que no tenemos tiempo para orar.

Cierta persona ha descrito a un individuo moderno como alguien que conduce un coche financiado por un banco, sobre una carretera financiada con bonos, con gasolina pagada mediante tarjeta de crédito, con objeto de abrir una cuenta en unos almacenes para poder amueblar a plazos su casa financiada mediante un préstamo bancario. ¿No podría ser también ésta una descripción de muchaspersonas de hoy en día que profesan ser cristianas? ¿Y no es posible que este instinto hacia el materialismo sea una de las razones por la que los cristianos modernos tienen tan poco tiempo para orar? Quizás algunos estén pensando: ¿Acaso no podemos tener nada en absoluto para nosotros mismos? La respuesta es no. Cristo ha de ser el todo en todos. Usted no es suyo; ha sido comprado por precio (1 Corintios 6:19,20). "Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios" (l Corintios 10:31).

Si usted puede comprar un coche nuevo, una casa nueva, muebles y artefactos nuevos, si puede tener dos trabajos, etc. para la gloria de Dios, tanto mejor; pero piense bien, querido cristiano, si de no ser necesario que mantuviéramos un nivel de vida tan alto, ¿no dispondríamos de más tiempo para orar? Si no estuviésemos tan intoxicados con los viajes, los placeres, las vacaciones y las diversiones, ¿no tendríamos más tiempo para emplear en la oración? Si no estuviéramos tan enamorados de los deportes y los espectáculos, ¿no podríamos pasar más ratos orando? Tenemos más tiempo libre que nunca antes; pero menos tiempo para orar. No sólo
estamos defraudando a Dios y al mundo, sino también a nosotros mismos.

Por nuestra falta de oración estamos frustrando el alto propósito de Dios a través de los siglos; estamos robándole al mundo el mejor plan que Dios tiene para él, y limitando nuestro rango en la eternidad: "Y busqué entre ellos hombre ... y no lo
hallé" (Ezequiel 22:30).

RESISTIENDO AL DIABLO

Santiago 4:7 dice: "Resistid al diablo, y huirá de vosotros." He aquí como puedes resistir al diablo y verte diariamente li...