lunes, 18 de octubre de 2010

CAMINAR EN EL ESPIRITU

Dr. Ana Mendez Ferrel
 En el intenso camino de oración buscando las llaves para contribuir en llevar a la iglesia a su verdadero estado de gloria y de liberación, Dios me mostró que muy poco de su pueblo entiende lo que es caminar por el Espíritu. Esta forma de conducirse, no es ir a la iglesia todos los domingos o todos los días, ni tampoco es saberse la Biblia de memoria, ni tampoco es un servicio sistemático en la organización de la iglesia.
Caminar en el Espíritu tiene que ver con desarrollar cada área de nuestro ser espiritual. Es un caminar sobrenatural y totalmente guiado por el Espíritu de Dios, es la manifestación visible de Cristo en nosotros y la total destrucción del cuerpo de pecado que es la iniquidad.
NO ES LA VOLUNTAD DEL HOMBRE LA QUE DESTRUYE LAS OBRAS DE LA CARNE SINO EL ESPÍRITU DE DIOS.
Es la simiente de Dios trayendo muerte a la simiente diabólica en la carne. Esto solo se logra entendiendo la vida del Espíritu, y pasando tiempo en intimidad con Dios. La carne se disfraza de espiritualidad trayendo  hacia sí terribles espíritus de religiosidad. La religión subyuga la carne, la doblega, tratando con hábitos externos, dándole apariencia de piedad, pero negando la eficacia de la misma.
La religión no puede por medio de sus normas y legalismos tratar con la parte interna del ser, donde radica la iniquidad. Esto solo puede ser hecho por medio del Espíritu, adecuando nuestro espíritu al de Dios. Al hombre religioso le agrada HACER cosas aparentemente piadosas; pero lo que es del espíritu no tiene que ver con el hacer, sino con el SER.
Tenemos que entender que todo lo que no es originado día a día en el cielo y traído a nosotros por el Espíritu Santo de Dios, tiene su origen en la carne y su fin es muerte. Se puede orar en la carne, oraciones mentales, peticiones llenas de llanto pero que carecen de fe. Se puede leer la Biblia en la carne, consiguiendo tan sólo, no la revelación, sino las ataduras a la letra. Se Puede adorar, cantando tan solo con la boca y sin ningún objetivo de alcanzarlo a El, tan solo para llenar un tiempo del servicio, mientras los corazones están disipados en otros pensamientos. Estos son lazos de iniquidad que no permiten un desarrollo eficaz del espíritu.
Extraido del Libro "La Iniquidad"

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